No a los atajos

Publicado el por N.B. RAÚL DÍAZ DE ARKAIA (autor)

Localizacion(es): Madrid

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La tragedia del Madrid Arena suscita, una vez más, la indignación de quienes sienten que empresa y ética son materias compatibles. Son los ciudadanos de a pie quienes con mayor rigor (¡y estoicismo!) sufren los efectos de la crisis. Y, con razón, es esa opinión pública la que exige a los empresarios que no tomen atajos en el ejercicio de su actividad. A fin de cuentas, al igual que los políticos, los emprendedores son a menudo un modelo a imitar; y es la responsabilidad social corporativa el mejor legado que un emprendedor puede dejar.

La primera tentación que la empresa puede sentir ante la actual precariedad es el intento por reducir costes sin medida para que sus ganancias no mermen tanto. Frente a ese afán está la dignidad de las personas que constituyen una línea roja que nunca debería ser franqueada. Desgraciadamente, cuatro personas jóvenes perdieron la vida la noche de Halloween en el Madrid Arena. E, independientemente de los derroteros que la investigación judicial ya iniciada atraviese, es indiscutible que las irregularidades cometidas en el evento están en relación directa con los fallecimientos.

Las normas de uso de los espacios cerrados destinados a la organización de eventos establecen indicaciones precisas en torno al aforo máximo permitido. Del mismo modo, los estándares de trabajo apuntan a un número suficiente de vigilantes de seguridad, así como de agentes de policía que velen por el normal transcurso del acto. Sin  olvidar, claro está, el férreo protocolo de seguridad que en un recinto como el Madrid Arena prohíbe introducir objetos como botellas o bengalas.

Los testigos de la tragedia corroboran la relajación e incluso el incumplimiento de los protocolos de seguridad. En gran medida, primó un ajuste a la baja del presupuesto de organización del evento. Por poner un ejemplo, los vigilantes de seguridad no sólo no estaban adiestrados convenientemente, sino que, además, percibían una remuneración un 50% más baja que la establecida. Los propios asistentes al evento relataron, además, que la temperatura ambiente en el interior del Madrid Arena era demasiado alta y resultaba difícil moverse con soltura por el recinto, dado el excesivo número de personas allí presente.

El ejercicio de una actividad empresarial, del tipo que sea, exige ante todo el respeto a un código ético basado en el respeto a las reglas del juego. Nunca el afán por medrar en el capítulo de los beneficios puede dejar en segundo plano la siempre necesaria vigilancia ante posibles riesgos para las personas objeto de nuestra dedicación como emprendedores.

Llevamos meses escuchando que la crisis económica está dando al traste con las ilusiones de muchos emprendedores; que muchos trabajadores están perdiendo capacidad adquisitiva; y que un buen número de ciudadanos está siendo despojado de algo tan sagrado como su vivienda. Digno y justo es que de ello se hable en los medios de comunicación. Sin embargo, igualmente deseable sería que pusiéramos el dedo en la llaga para hablar de la crisis de valores que acompaña, como si una sombra se tratase, a la crisis financiera.

Es de sobra conocido que, básicamente, fue una crisis ética la que desencadenó la actual situación. No obstante, no debería servirnos de atenuante para tomar atajos a la hora de afrontar nuestra actividad. Las líneas rojas están precisamente para no ser traspasadas nunca. Así pues, que la rebaja de los costes y de los beneficios en el ejercicio de nuestra labor no nos lleve a rebajar ni un ápice la vigilancia sobre nuestros estándares éticos. Del mismo modo que afirmamos que somos lo que comemos, en calidad de emprendedores seremos siempre aquello que hagamos y, sobre todo, cómo lo hagamos.